El mapa del tiempo de una página de la historia (Los viajes de Colón)







Alberto Linés Escardó (In Memoriam)  
El buen tiempo acompañó hasta descubrir
América. No es fácil explicarse cómo no fue barrido Colón por los
huracanes tropicales. Condiciones meteorológicas favorables en los
viajes de ida, y malas al regreso Colón intuyó el sistema de vientos en
el anticiclón de Azores.



Recuperado en octubre de 2013.


Nota de la RAM. Siguiendo
con nuestro homenaje a Alberto Linés, recientemente desaparecido, nos
hacemos eco de un artículo periodístico que nos ha llegado gracias a
Lorenzo Pedraza. No pudimos identificar el origen de periódico aludido.
En el artículo que os presentamos veremos como la vena periodística del
autor aparece constantemente. Los elementos fundamentales del escrito
hacen hincapié en aspectos meteorológicos de los viajes de Colón. Las
figuras originales del reportaje las haremos saber convenientemente, el
resto la hemos tomado de Internet para resaltar gráficamente el trabajo.
Palabras claves. Descubrimiento, Colón, alisios, anticiclón, huracanes, estabilidad, borrasca, 1492, América.

   


Supuesto retrato de Cristóbal Colón
Si a cualquier meteorólogo medianamente experimentado se le
propusiera hoy que estudiara el viaje de unos veleros que, zarpando de
España, hubieran de arribar a las Bahamas tras de dos meses de travesía,
es casi seguro que descartaría la fecha de los primeros días de agosto
para la salida porque si bien en los meses de verano soplan con
intensidad los vientos alisios, que aseguran una travesía rápida hasta
las islas de Cabo Verde, y aún más al oeste lo que más preocuparía a la
hora de planear el crucero sería la posibilidad de encontrarse con los
huracanes tropicales. Hoy se sabe bastante acerca de ésas terribles
perturbaciones que, juntamente con los tifones del Pacífico, constituyen
las más violentas manifestaciones de la atmósfera. En los países de las
zonas templadas tenemos la fortuna de no conocer en nuestras tierras
los ciclones, que con vientos de 200 a 300 kilómetros por hora, y aun a
veces superiores, intensísimas lluvias y tormentas, y a veces con
terribles mareas que siguen al huracán, arrasan todo cuanto encuentran a
mano. Sabemos que cada año se producen en el Atlántico
centro-occidental unos cuantos ciclones de intensidad variable. A veces
no pasan de cuatro, pero hay años, en cambio, en que se llega a la
docena. El primero de la temporada se presenta en junio o julio; no
suele ser el peor. Los más violentos llegan a finales de agosto o en
septiembre; también son temibles los de octubre. Cuando el mar comienza
a enfriarse, los ciclones ya no aparecen, ya esperar hasta el próximo
año. En el último medio siglo, y sobre todo en los pasados veinte años,
se han hecho esfuerzos enormes para poder predecir y aun combatir los
huracanes tropicales. Generalmente aparecen en forma de tormentas en
pleno Atlántico, en la corriente del este del este del anticiclón
llamado de las Azores. En su marcha hacia el Caribe van ganando
actividad, y cuando apuntan hacia las Antillas o costas de
Centroamérica, pueden fácilmente tener un diámetro de más de cien millas
y una larga cola de centenares de millas, festoneadas por
impresionantes tormentas y formidable oleaje. Lo mejor que puede pasar
con un ciclón es que antes de llegar a tierra se desvíe hacia el norte;
al encontrase sobre aguas frías pierde actividad y se vuelve hacia
Europa, convertido en un tranquilo temporal, como uno más de los
muchísimos que nos llegan del Atlántico. Si en vez de ello penetra en
las islas del Caribe, en Florida o en cualquier otra parte del
continente, va sembrando la destrucción a su paso, a la vez que pierde
algo de actividad, que vuelve a ganarla tan pronto como toca mares
calientes. Los ciclones se detectan con anticipación por medio de
sensibles sismógrafos, por aviones de reconocimiento y, sobre todo, por
los satélites meteorológicos; valiéndose de ordenadores se calcula su
trayectoria, se pronostica su violencia y se alerta a todo el mundo. Los
buques desvían su ruta o buscan refugio. Los aviones a veces hacen
rodeos y siempre están pendientes de la pantalla de su radar a bordo:
¿Qué hubiera pasado si Colón, en su marcha hacia el Nuevo Mundo, se
hubiera tropezado con un huracán tropical bien desarrollado? Nunca más
se hubiera sabido de aquella expedición, financiada por nuestras arcas.
Aquí la imaginación puede volar, haciendo cábalas de lo que hubiera
pasado si un ciclón, un día de septiembre, se hubiera tragado a la
"’Santa Maria", " la "Niña" y la "Pinta". Tal vez en dos generaciones no
se hubiera repetido el intento, o acaso la colonización, en vez de
partir del centro, se hubiera iniciado de norte a sur, con acento inglés
o escandinavo. Lo que no cabe duda es que la historia pudo haber dado
un giro insospechado si, como nos parece ahora muy probable, se hubiera
encontrado Colón con uno de los huracanes que, precisamente por esas
fechas y en su misma ruta, merodean todos los años. Porque, como es
sabido, las naves salieron de Palos un 3 de agosto, para arribar a San
Salvador el 12 de octubre. Fechas más peligrosas no pudieron elegirse
para la travesía; más adecuadas fueron las del tercer y cuarto viajes. Escaso conocimiento de la meteorología tropical
Mucho se ha discutido a cerca de si Alonso Sánchez de Huelva confió,
poco antes de morir, su secreto a Colón acerca de unas tierras
descubiertas en dirección a poniente. Ello no desmerece la hazaña, ya
que en cualquier caso la cartografía disponible no podía ser más
rudimentaria, pues lo que hasta mediados del siglo XVI no se
confeccionaron cartas que incorporaban los grandes descubrimientos
geográficos. Para Colón resultó una gran sorpresa comprobar la gran
variación de la declinación magnética, que de unos pocos grados en
nuestro continente llegaba a pasar de los veinte en el Caribe. De lo
que no cabe la menor duda es que, tanto Colón como sus acompañantes,
ignoraban por completo el régimen de vientos en las Indias Occidentales,
así como la existencia de las violentas perturbaciones tropicales. En
sus continuos viajes por Europa debió de buscar con curiosidad toda la
cartografía disponible entonces; bien poca cosa, ya que al occidente de
Europa los mapas señalaban "el mar de las Tinieblas". Por entonces ya
hacia un siglo que se habían descubierto las Azores y Madeira;
Finisterre, ya no era el fin del mundo. En Génova, en Lisboa, en Madeira
amplió sus conocimientos, y parece que viajó hasta Guinea, Inglaterra,
Islandia y Grecia. En las postrimerías del siglo XV casi todo el mundo
creía que la Tierra era redonda. Pero nadie se había atrevido a
comprobarlo, y existía el general temor de rebasar el mar de las
Tinieblas y poder caer al abismo. Colón se propuso comprobar tal
redondez del planeta, aunque estuvo completamente equivocado al evaluar
la dimensión del diámetro terrestre. El primer viaje de Cristóbal Colón
No vamos a detenernos en las interminables gestiones y negociaciones
que transcurrieron desde un caluroso día de junio en Córdoba, en 1486,
en que un hombre llegó al Alcázar y entregó una carta al duque de
Medinaceli para que la hiciera llegar a los reyes, hasta el memorable 3
de agosto, seis años después, en que el mismo hombre, almirante de
Castilla, se despedía a las ocho de la mañana del prior de La Rábida
para encontrar un nuevo camino hacia las Indias. La víspera había tenido
lugar otra, partida memorable: los judíos habían iniciado su salida de
España.


Esquema de una carabela de la época.
Pese a las capitulaciones de Santa Fe, no resultó, fácil poner en
marcha la expedición. Por fortuna, aparecieron unos hombres
excepcionales que hicieron fácil lo difícil: los tres Pinzones, que eran
unos consumados marineros, apoyaron y se unieron a la empresa. Los
barcos requisados por los reyes fueron reemplazados por la "Pinta",
propiedad de los Pinzones, y que sería capitaneada por Martín Alonso; la
"María Galante", después "Santa María", facilitada por un tal Juan de
la Cosa, que pasaría a la posteridad c o m o geógrafo y cartógrafo, y
otra pequeña nave, la "Niña", propiedad de los vecinos de Palos Juan y
Cristóbal Quintero, que se asociaron con reservas a la empresa y que tal
vez fingieran averías en la nave al poco de partir porque sintieran
deseos de regresar. ¿Cómo eran las naves de Colón? Si
nos referimos a los estudios de Björ Landström; debió ser la "Santa
Maria" una carraca pequeña. Era un poco mayor que las otras naves, según
el famoso padre de las Casas. Sabemos exactamente, porque así lo cuenta
el descubridor en su diario, las velas que izaba: “… y llevaba todas
mis velas de la nao, maestra, dos bonetas, y trinquete, y cebadera, y
mesana, y vela de gavia …"


La Santa María.
Muchas reproducciones se han hecho de la "Santa Maria", que, cómo
agudamente señala el autor antes citado, la nave más famosa del mundo
después del Arca de Noé. El hecho de no haber demasiados grabados que
produzcan las carracas del siglo XV dificulta la reconstrucción de la
nao capitana. Pudo tener una eslora de algo menos de 24 metros, la
longitud de quilla de algo más de 16 y cerca de ocho de manga. En cuanto
tonelaje, hay variedad de cifras; si era "algo mayor" que la "Niña", y
ésta era de 60 toneladas, la "Santa Maria" difícilmente rebasaría las
80; es decir, según significado de entonces, podía cargar 80 toneles.


La Niña
La "Pinta" y la "Niña" eran carabelas, más rápidas, se mostraron más
eficaces que la capitana. La "Niña", a la salida de Palos era una
carabela latina, es decir, con velas latinas en los tres palos, pero en
Canarias fue cambiado el aparejo y las dos naves menores surcaron océano
siendo ya carabelas redondas.


Foto del artículo originario.
La "María Galante" era la única que tenía cubierta. Las naves menores
eran muy marineras y rápidas. Las dos volvieron a España. No así la
"Santa María", que se destrozó al embarrancar en las arenas americanas.
En total, 120 hombres componían la dotación. Si se hubiera hecho, como
es hoy habitual, una lista tripulación, se hubiera encabezado así: Nao
capitana: almirante, Cristóbal Colón; primer piloto, Pedro Sancho Nuño;
segundo piloto, Sancho Ruiz; maestre, Juan de la Cosa. Y así hubiera
seguido la lista hasta completarla. Al fin, la gran travesía
Larga escala hizo Colón en Canarias, a donde llegó a los seis días de
la partida. El 24 de agosto pudo ver una erupción del Teide, y
finalmente, con apresuramiento, se hizo a la mar el 6 de septiembre.
Siete días después fue el susto de la declinación magnética: la brújula
no señalaba a la Estrella Polar. Hubo consternación a bordo, y Colón
explicó sencillamente que tal estrella giraba alrededor del norte. Un
gran aerolito cayó al mar, a la vista de los navegantes, el 15 de
septiembre.


Primer viaje colombino.
El v i e n t o soplaba con fuerza y sin descanso del este y los
empujaba hacia las nuevas tierras. Era tan persistente que algunos
pensaban que siempre soplaría ya ese viento y no podrían regresar jamás.
El tiempo fue bueno. Diría Colón que las noches estrelladas del trópico
sólo se diferenciaban de las de abril en Andalucía porque faltaba el
intenso perfume de las flores. Pero era otro olor, el de las algas, el
que prevalecía. Eran tan abundantes que a aquel trozo de mar que
cruzaron en la segunda quincena de septiembre lo denominaron el mar de
los Sargazos. Unos aguaceros hicieron acto de presencia en los últimos
días de septiembre. Algún frente hizo una incursión hacia el sur. El
agua refresco a los expedicionarios, pero apenas inquieto. El día 7 se
cambió de rumbo hacia el sudoeste, en vez de seguir a poniente. Aquel
cambio marcó un hito en la historia: Colón iba derecho a Norteamérica.
Pero el viraje impuso que la obra civilizadora y colonizadora partiera
de Centroamérica. Y, por fin, a los treinta y tres días de la partida de
Canarias se llegó a la isla de Guanahani de las Lucayas (¿acaso la isla
de Watling? ). Una página de la historia se había completado, y el mapa
del tiempo de los días anteriores había señalado, con pocas
excepciones, buen tiempo, con vientos del este, propios de la corriente
del flanco meridional del anticiclón de las Azores. Llega el mal tiempo
Como es sabido, la primera tierra americana donde pusieron sus pies
los españoles fue denominada San Salvador. Después, sin que el mal
tiempo inquietara mucho, fueron exploradas Santa María de la Concepción,
Fernandina, Isabela y en seguida Cuba, aquella isla tan grande que le
indicaban sin cesar los indios. Colón nadaba en la confusión ya que de
un momento a otro esperaba encontrar al Gran Khan, al que antes visitara
Marco Polo. Los indígenas hablaban de un enorme reino no lejano,
posiblemente Méjico; pero Colón, al llegar a Cuba y creer estaba ya en
las Indias, no dudó en enviar una embajada a quien suponía el Gran Khan.
Los emisarios volvieron encantados por el recibimiento que les
dispensó; les ofreció regalos y por primera vez en la historia, un
hospitalario anfitrión ofrecía tabaco a un visitante europeo. Ya hacía
un mes del descubrimiento. Las naves despliegan las velas y van al
oeste. Comienza el mal tiempo, y Martín Alonso Pinzón se separa,
voluntariamente o no, y explora por su cuenta. El almirante tiene prisa
por regresar y dar cuenta de sus fantásticos descubrimientos. Aún
descubrirá una gran isla, a la que encuentra un gran parecido con el
mediodía de España. Los indígenas la llaman Bahio, y él la designa La
Española. Por entonces, llegan duros temporales al Caribe. Vuelve a
encontrar a Martín Yáñez Pinzón, y con tiempo infernal, debido
posiblemente a la llegada de los temporales del norte, puesto que ya es
enero. Se emprende el regreso el día 16 pero el temporal separa a la
"Pinta" y la ‘Niña". La "Santa María" ya había quedado inútil, en
callada por un descuido mientras dormía Colón. Con sus restos se levanta
el fuerte de Navidad, en el que quedan Diego Arana y cuarenta hombres.
Las carabelas habían llegado con viento muy favorable, y en rápida
travesía a América; era evidente que no podían regresar por el mismo
camino de ida, ya que las bordadas se hubieran hecho interminables. Y
otra vez se puso en juego el genio de Colón: se fue al norte, seguro de
encontrar vientos favorables. Y así fue: dio fácilmente con la corriente
del oeste que le llevaría a España. En realidad, el primer viaje de
Colón fue un completo rodeo del gran anticiclón de las Azores. A la ida
se aprovechó de su corriente del este, en el borde meridional del
sistema de altas presiones, y a la vuelta, la corriente de poniente. El
día 18 de febrero arribaba a Santa María de las Azores la "Niña". El
gobernador portugués Castañeda detuvo a Colón, y lo dejaba salir seis
días después. Un furioso temporal lo lanzaría a Cascaes el 4 de marzo;
nuevas dificultades; pero, al fin, el 13 de marzo puede partir hacia
España para tocar el puerto de Palos dos días después. Temporales a la vuelta Martín Alonso, al mando de la “Pinta", realizó un viaje directo desde La Española hasta Bayona de Coruña (Nota
de la RAM, Bayona o Baiona pertenece a la provincia de Pontevedra y no A
Coruña, como aparece orifinariamente en el trabajo de D. Alberto
).
Los temporales, sin duda; el encadenamiento de borrascas atlánticas,
tan activas al final del invierno, batieron duramente a la pequeña
embarcación. Pinzón llegó muy enfermo y extenuado, Salió para Palos y
llegó el mismo día que Colón. Ya no levantaría cabeza, y un par de
semanas después fallecía de agotamiento. Como Recalde y Oquendo un siglo
después, luchó como un titán contra el mar embravecido, pero al llegar a
tierra firme y segura murió. ¿Por qué no encontró Colón a los huracanes tropicales?
Dada la época del año en que se realizó la travesía, lo normal hubiera
sido que un ciclón tropical se hubiera tragado a las carabelas. Y no
fue así. Los temporales padecidos al regreso y al descubrir La Española
fueron seguramente borrascas extratropicales. Aún es más chocante que en
los otros viajes de Colón tampoco hicieran acto de presencia, ni a la
ida ni a la vuelta, los terribles ciclones.


El anticiclón de las Azores y rutas que utilizó Colón. Imagen originaria del artículo.
¿Cuál fue la causa de ello? Eso nos lo preguntamos muchos. Pudo haber
sido por una mera fortuna. Pero resulta duro pensar qué la suerte se
repitió tantas veces. Hay que descartar que hubieran quedado dentro del
ojo de un ciclón, sin viento y sólo con las típicas lloviznas; pero ello
resulta muy poco verosímil. Pudiera ser que algún huracán tropical los
hubiera batido, pero que las naves hubieran podido resistirlo. Eso nos
cuesta gran trabajo creerlo. Porque repetidamente la historia nos hace
referencia a naufragios de naves similares a las de Colón o aún más
seguras. Además, cuando un ciclón de verdad se dejó sentir en los
primeros días de julio de 1502, la tempestad se llevó nada menos que
veinte naves de don Nicolás de Ovando. Eran, por tanto, aquellas naves
enormemente tan vulnerables a las condiciones extremas del mal tiempo.
Cabe una posibilidad, que nos permitimos apuntar: tal vez en los finales
del siglo XV y en el XVI la actividad de los ciclones ‘tropicales en el
Caribe no fuera muy grande y, desde luego, inferior a la que existe
actualmente.


Imagen originaria del artículo de Linés.
Para que tal cosa sucediera seria suficiente que la temperatura media
del mar hubiera sido hace cuatro siglos unos dos o tres grados menor
que la actual. Y tal cosa bien puede haber ocurrido. En efecto: el
límite de los hielos polares no ha sido siempre el mismo en los tiempos
históricos. En Europa, hacia mediados del siglo XVI se inició un período
frío, que bien pudo haberse anticipado por un crecimiento de los hielos
boreales, lo que traería de la mano un ligero enfriamiento del
Atlántico o; al menos, un menor contraste térmico en los mares y, por
tanto, una disminución en la actividad de las grandes perturbaciones
atmosféricas. Como observa H. H. Lamb, autoridad en la historia de los
climas en el mundo, en la época de los grandes descubrimientos, iniciada
en los finales del siglo XV, debió de haber una etapa de limitada
actividad de las borrascas en los océanos. De haber estado más frías
que ahora las aguas del Caribe, los ciclones tropicales se hubieran
formado más hacia el sur. Cuando Cabral fue ‘materialmente lanzado por
una tempestad hacia el Brasil, acaso fue debido a un coletazo de algún
ciclón de los que ahora aparecen por latitudes más altas. Los restantes viajes colombinos
Para la segunda expedición todo fueron facilidades, y se reunieron
nada menos que diecisiete buques y mil quinientos hombres en la bahía de
Cádiz, para zarpar el 25 de septiembre de 1493. La fecha no era muy
buena. Se habían embarcado diversos útiles y utensilios, animales,
plantas y otras mil cosas preparadas para la empresa civilizadora. En
este viaje hubo mil penalidades; muchos barcos eran viejos y hacían
agua, y por fin se desembarcaba el 3 de noviembre en la Dominica. El
tiempo debió de ser bastante desfavorable, y seguramente ya los
temporales de otoño penetraron en la ruta de este segundo viaje. Sin
embargo, nos resistimos a creer que las naves fueron azotadas por algún
ciclón tropical, que sin duda hubiera deshecho aquella heterogénea
flota. Más bien, creemos que debieron ser los enemigos atmosféricos de
Colón algunas incursiones polares, que al llegar a los mares calientes
desencadenaron grandes tormentas. En este viaje se descubrirían las
Islas de Guadalupe, Dominica, Antigua, Boriquén, que luego sería Puerto
Rico, y otras. En La Española se vio con dolor el fuerte de Navidad
destruido y se fundó la Isabela. El 10 de marzo de 1496 emprendía en la
veterana nave "Niña" el regreso a España, algo asustado por las críticas
que ya se hacían a su gobierno. Tras de una durísima travesía, azotado
por los temporales de todas clases, aunque no por los ciclones, llegaba
Colón a Cádiz el 11 de junio.


Segundo viaje de Colón.
El tercer viaje colombino, despertó mucho menos entusiasmo que el
segundo. No era fácil reclutar tripulaciones, pues se había difundido la
noticia de los problemas de Colón con sus subordinados. Al final, el 30
de mayo, fecha más adecuada que la de los viajes anteriores, zarparon
de Sanlúcar de Barrameda seis buques. Tocaron Cabo Verde, de donde
salieron el 4 de julio. Atravesaron una zona de grandes calmas,
desesperantes, y al fin, el primero de agosto vieron en el horizonte
tres picos iguales. A la isla donde pusieron pie la denominaron
Trinidad; por la misma veía Colón por primera vez el continente
americano, que aún creía que era las Indias. Exploró las bocas del
Orinoco, y más tarde, al llegar a La Española, supo de la rebelión
levantada por Francisco Roldan. Por entonces llegaban reiteradas
noticias a la Corte del mal gobierno del almirante, y los reyes
designaron un investigador, Francisco de Bobadilla, que una vez en
América envió a Colón y a sus hermanos encadenados a España. Los
monarcas reprobaron la gestión de Bobadilla, hombre íntegro y de pocos
alcances, y para reparar los males nombraron a Nicolás de Ovando, que
partió de Sanlúcar de Barrameda el 18 de febrero de 1502, al frente de
una escuadra de 30 unidades, que llevaban a bordo 2.500 hombres, el
mayor esfuerzo logístico transoceánico realizado hasta entonces.


Tercer viaje de Colón.
Aún pudo Colón organizar otro viaje que seria el último. El 9 de mayo
de 1502, tres meses después de Ovando, salía también de Sanlúcar de
Barrameda con cuatro naves: "Santiago", ‘Palos", "LaVizcaína" y "La
Gallega”. La travesía fue rápida: el 13 de junio descubría Martinica.
Poco después tuvo lugar un hecho muy importante desde el punto de vista
meteorológico. Colón predijo la proximidad de un ciclón, basándose en
datos empíricos y astronómicos. Pidió permiso a Ovando para refugiarse y
desembarcar en La Española, que le fue negado, Colón se buscó un
refugio, que llamó, Puerto Hermoso. El huracán llegó y se llevó veinte
naves de Ovando. Cosas que suceden por no escuchar a los que formulan
pronósticos meteorológicos. El temporal, por la magnitud de sus daños,
fue, sin género de dudas, un auténtico ciclón tropical y se tragó a dos
enemigos de Colón: Roldán y Bobedilla. Ello sucedía en los primeros días
de julio de 1502. Aún permanecería Colón dos años por América donde
tocaría Honduras, Panamá, exploraría el golfo de Darién y Jamaica. El 12
de septiembre, desde Haití, emprendió por última vez el viaje que le
llevaría a España. Fue malísimo, con frecuentísimas t o r m e n t a s,
aguaceros y vientos duros. El 7 de noviembre de 1504 tocaba la
Península; a los pocos días fallecía Isabel la Católica, y dos años
después, amargado, aunque no tan pobre y desamparado como pintan
algunos, fallecía cristianamente en Valladolid el más famoso descubridor
de la historia.


Cuarto viaje de Colón.
Descubrió también el anticiclón de las Azores El m é
r i t o de Cristóbal Colon no fue sólo el encontrar el camino para ir a
América; también lo tuvo el saber dar con un camino de regreso, al
tratar de ir por latitudes más altas al volver a España, entre las
trayectorias de ida y vuelta lo que hizo "fue poner de manifiesto la
circulación del anticiclón de las Azores, sistema de al tas presiones,
alargado y que cuando está en su lugar habitual, y bien desarrollado, se
extiende desde nuestra Península hasta el Caribe. Pero Colón no se dio
cuenta por entonces que descubría uno de los pilares de la
meteorología, al probar la existencia de circulaciones cerradas en
grandes masas de aire. El sino de Cristóbal era no saber toda la verdad
de lo que intuía. En aquella centuria, paralelamente a las exploraciones
geográficas, también se iban desvelando los misterios de la atmósfera,
las corrientes de aire y, sobre todo, las circulaciones de los grandes
sistemas atmosféricos. Casi tres siglos pasarían hasta que se
estableciera la circulación general atmosférica. Pero Colón dio un paso
gigantesco y dejó claro que la atmósfera se comportaba como un mecanismo
hecho para una Tierra esférica. Alberto Linés.   Alguna de las
nuevas ilustraciones se tomaron de: http://www.capraro.com.ar/IlustracionesColon.htm @/RAM_meteo   por si nos desea seguir.








93 pensamientos en “El mapa del tiempo de una página de la historia (Los viajes de Colón)






















  1. belkiscabrera




    Realmente estoy maravillada con la inteligencia de Cristobal
    Colon,que le fue dada por DIOS, y quien tenia un proposito con Colon,
    que descubriera estas hermosas tierras..la gloria sea para DIOS y
    tambien hay que reconecer la tenacidad de Colon en todas las
    circunstancias que le rodearon..su descripcion de algunas islas son
    fabulosas,el habla del perfume que habia en esas tierras,los arboles
    fabulosos,los rios cristalinos…Dios le dio el privilegio de descubrir
    estas tierras.y es de notar que Dios quien es el dueno del clima lo
    favorecio en todo momento y estubo de su parte..Dios busca gente que no
    desfallezca en empresas que EL le encomienda..












  2. Victoria Almanzar Lantigua




    TENGO YO QUE APRENDERME ESTA EXPOCICION:Descubrió también el anticiclón de las Azores


    El m é r i t o de Cristóbal Colon no fue sólo el encontrar el camino
    para ir a América; también lo tuvo el saber dar con un camino de
    regreso, al tratar de ir por latitudes más altas al volver a España,
    entre las trayectorias de ida y vuelta lo que hizo “fue poner de
    manifiesto la circulación del anticiclón de las Azores, sistema de al
    tas presiones, alargado y que cuando está en su lugar habitual, y bien
    desarrollado, se extiende desde nuestra Península hasta el Caribe.


    Pero Colón no se dio cuenta por entonces que descubría uno de los
    pilares de la meteorología, al probar la existencia de circulaciones
    cerradas en grandes masas de aire. El sino de Cristóbal era no saber
    toda la verdad de lo que intuía. En aquella centuria, paralelamente a
    las exploraciones geográficas, también se iban desvelando los misterios
    de la atmósfera, las corrientes de aire y, sobre todo, las circulaciones
    de los grandes sistemas atmosféricos. Casi tres siglos pasarían hasta
    que se estableciera la circulación general atmosférica. Pero Colón dio
    un paso gigantesco y dejó claro que la atmósfera se comportaba como un
    mecanismo hecho para una Tierra esférica.










  3. mikúú




    hola queria saber de donde partio colon y adonde llego es para un proyecto hay q entregarlo hoy!!

    gracias!!















Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *
Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a
href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title="">
<b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del
datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike>
<strong>